El licántropo

Los aldeanos lo rodearon. Intentó defenderse pero terminó encadenado. La muchedumbre le gritaba:

— ¡Se orinó en mis geranios!

— ¡Se comió mi tarea!

— ¡Preñó a mi perra!

Lo llevaron al veterinario, donde lo castraron, lo vacunaron, desparasitaron y dieron en adopción a una familia que lo llamó Manchas. Nunca volvió a ser humano y siguió orinándose en los geranios de los vecinos.

Publicado por Ignacio Sánchez Cumbión

Narrador, promotor de lectura, gestor cultural y rica pancita los domingos

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