Y de pronto, el taquero se vio rodeado por todos los fantasmas enfurecidos de los perros que había vendido como pastor, bistec y cabeza, con o sin todo, para llevar o para aquí; con salsita de la que pica o de la que no pica.
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Delirios nocturnos
¿Qué será esa figura siniestra que va acercándose lentamente? ¿Será efectivamente un monstruo o uno de esos horrores de mi mente que acechan mis noches? – ¡Es un monstruo de verdad, tarado! – dijo el demonio imaginario que vivía todo el tiempo en mi espalda– ¡Corre o acaba con los dos!
Ofrenda
— Preparé esas enchiladas que siempre te gustaron— dijo al retrato sobre la mesa—. Puse la canción que sonó cuando nos casamos. Ojalá estuvieras aquí. – Siempre he estado aquí — se escuchó. Alzó la vista y ahí estaba, tal como cuando lo encontró aquel día: colgando del techo.
El licántropo
Los aldeanos lo rodearon. Intentó defenderse pero terminó encadenado. La muchedumbre le gritaba: — ¡Se orinó en mis geranios! — ¡Se comió mi tarea! — ¡Preñó a mi perra! Lo llevaron al veterinario, donde lo castraron, lo vacunaron, desparasitaron y dieron en adopción a una familia que lo llamó Manchas. Nunca volvió a ser humano ySigue leyendo «El licántropo»
Éranse dos alacranes…
– Entonces wey, ¿jalas o te pandeas? – No mames, Jacinto. Dos alacranes metiéndose a una casa es un cliché que refuerza los prejuicios y supersticiones en torno a nuestra especie. – No le saques, a los humanos les fascina descubrir que tienen más de uno en su casa. – Órale pues.
Encuentros cercanos del noveno tipo
–Pero, ¿CUÁNTAS veces les voy a tener que decir que no diseccionen humanos dentro de la nave? ¡¿Creen que estoy nomás para limpiar el tiradero que dejan?! ¡Vayan y tiren esos cadáveres! Y pobres de ustedes si encuentro un ojo humano en mi refrigerador.
La razón para tener miedo
¿Quieres sentir miedo? Ese ruido en el pasillo es madera que cruje. Esa ventana se rompió por el ventarrón. Esa obscuridad súbita es un apagón. ¿Dónde está la razón para que tengas miedo? Pues quien te dice esto no es tu conciencia y estoy detrás de ti.
Apocalipsis
La guadaña silenció su labor. Los esqueletos descarnados retornaron a su osario y todos los restantes se esfumaron cuando, detrás del carro triunfal, una voz autoritaria exclamó: – Y bueno, muy apocalíptico y todo, pero ¿quién va a recoger todo esto?